Liliana Celiz
 
 
 
* En la versión de verte * El ciclo del recuerdo * En Complexión de dos * Más por debajo el lago * No es el rio * De las repeticiones últimas
 
De las repeticiones últimas
Diseño de : Tenky López
 

en la ciudad de las columnas de agua entre la noche
el punto en que la luz se difumina/ el plano paralelo de la fuga
(él) cayendo torpemente entre los pliegues del agua hacia los bordes
en la contaminación del todo hacia el espacio de las cosas
el grado existencial del movimiento en la memoria

 

la mano rondando los viejos signos de memoria
(no la humillación de la memoria en el costado
próximo del puente)
acaricié la hoja que caía débilmente desde el árbol
/ la hoja en torno de mí ahora
que el gesto se aproxima a la palabra
tal vez él vuelva como el rayo a la cima de la tierra
y yo (o la exasperación del yo rondando levemente la caída)
mientras la lluvia lavaba la nostalgia
entre pétalos sensibles de las flores en la fugacidad
del agua o del verdor desde el cuerpo de la flor
a la escena plural que hace a la muerte

 

la luz acariciando gotas en el pasto
en el momento en que la mano invierte su expresión
y hace a la escena de pisada la mano en el lugar
del verde en el trasluz del agua o el brillo original
del pasto entre la luz y el ojo duplicando el espacio de la lluvia
tal vez ya no vendrá y es en la puesta de mi cuerpo
otro pasado decreciendo por las tardes (no es la mirada desde el río)
la afirmación de ser en el rebrote de existencia
no/ es el retrato móvil del momento de palabra en lo moteado
de las flores, la cintura de las flores, la belleza

 

del color del cielo flotando levemente por las aguas
o pimpollos blancos en el borde de la luz que mira
a los espejos como forma (la búsqueda del sí, el
expresarse del sueño, lo soñado) no el rostro impasible
revertido/ la hoja en la creciente en plena elevación
del tallo –él vuelve a perseguir lo que vendrá
y mi sombra es atrapada por los ecos de las repeticiones
últimas- (mi madre llora a la puerta de los cuerpos)
de entre la flotación de lágrimas el río que decrece
suavemente otro recuerdo

 

de colores que se pierden en la noche
el olor de los espacios de la luz de las luciérnagas
construcciones apiladas de los campos de estas flores
en donde fue el jardín en la escena lateral de los helechos
el recuerdo de su cuerpo evanescente dando sombra
en sucesión del movimiento ni los ecos palmo a palmo
de los nombres en la voz ( lo paulatino de la voz/
como repetición del tacto de los sexos

 

en los inmaculados restos de la noche
cortados como láminas desde el borde de las ágatas
la alevosía de tu voz en la repetición concéntrica
del habla y cada disco de palabra en los rincones
no escritos del silencio perforando la visión
del punto neutro en los espacios semiclaros de lo oculto:
yo no estaba
el campanario haciendo gala de la escala del sonido
y el mar allá a lo lejos, desde el fondo
como lámpara no aislada del recuerdo
entre las calles lisas de nosotros
la sustancia

 

capas de pasto en mera sucesión de tierra
apenas los dibujos de la flor que expande su color
en el bosquejo de la imagen (el campo no contado
por los otros) y el tú en la enunciación del tú
en la escena primigenia de la vuelta (el pájaro
pichón lavó su cuerpo en el desmedro de las aguas)
y yo mirando el ascenso de toda hoja
todo circuito de silencio en plena capa no aplacada
del olvido (dijera que él vendrá a lo lejos como
un canto) y el desdoblarse del yo en la especie
subvertida de las formas hasta la curva central
de otra palabra apretujada en el espacio
de los ciclos (un sublevarse apenas de los nombres)

 

la reticencia atribuida a la palabra olvido
(no menos las palabras que las cosas
o el  otoño en lo escandido de capullos blancos
en el contraste del pecíolo con el tacto)
la imagen de cuerpos distendidos lado a lado
dando sombra (el campo en lo real
se desvanece –ya no la comisura de la boca,
el tramo de la boca en la palabra-)
y la palabra no como despojo de verde en
lo salvaje en la distancia del radio
de las hojas (no el capullo) o la fosforescencia
de la luz a la pronunciación de pétalo en el aire

 

los matojos del cuerpo antes cortado
es la forestación de hojas en las manos
(la piel cubierta en nervaduras mínimas
de espaldas a la luz que arriba a las ventanas
vidrios que miran el canto nítido del pájaro
en ocasión que el pájaro no está y es la fisura
desde el cuerpo) pétalos blancos salidos del revés
del pensamiento de cara al cielo es lo ocular
de algún circuito de aire en la memoria

 

se incuba al hombre en el recuerdo
en los postigos empapados de la noche (ya no
la claridad en cuanto a flor –los bordes negros-)
el cielo asciende desde el punto de los ojos
(imitación de manos en las cuevas –manos del
revés de la textura de los cuerpos) y él no está
ni ella en la fracción de sí que hace al espacio
entre las sombras

 

de imagen sobre imagen en el revés del hombre
en la desembocadura próxima a mi cuerpo
(ya no el tacto es la distancia en el esquema
de caricia o lo frondoso de los sexos desviados
de sí mismos en la desdobladura antigua
del deseo) –no vendrá- la voz haciendo
un vuelco al soliloquio (no vendrá)
tornando el quicio en la templanza
del recuerdo

 

la mano desbordada del espejo
(la sucesión de mano en el espejo
móvil que no muestra: ve el páramo
insoluto del silencio- graznidos en la
tarde en la que el cisne ha muerto
y es el colapso de las aves en el círculo
del cielo –circuito desmembrado de las alas
al doble de las alas en el cielo) es la fusión
de las dos manos en el ciclo temporal
del pensamiento

 

el agua cae levemente por las cosas
tumultos en la zona de belleza de entre
los musgos mismos en el agua (no el pez
se habla del ave todavía) en la tiritación
del cielo sin las aves en el trasluz
del agua que cae por las grutas en la zona
antigua de las manos y él no está
(haciendo blanco en el silencio) como entonces

 

como en calcos los cuencos revertidos de los cuerpos
ayuntados desde el ángulo frontal del pensamiento
como en calcos la bahía por los bordes torneada de las aguas
entre cortezas rotas desasidas de montañas invertidas
en el suelo (el cuerpo cuece arenas como el ave
en la templanza de materia liviana es en la nube
del recuerdo –el padre vuelto al hombre pero no
imbuido de su doble tiernamente el hombre
no es el padre-)

 

pensar que él piensa
en la distancia del capullo al pasto
siendo el doble de raíz en el espacio
de pétalo a otro pétalo

 

como zona no innovada de capullo
en la frescura circular del tacto
(el otro cuerpo)
ni la distancia mínima a la voz
como diciendo

 

la mera conversión de la palabra como un gesto
(es en la escucha) decir el tacto ajeno de los cuerpos
es la pregunta por la piel al doble mismo de la piel-
la otra armonía/ la sucesión de caras del espejo
caras crispadas de ser (como fluyendo) una a la otra
en conversión que anida el doble en lo extraviado
nunca el doble (es lo verbal)
representando sombras
a lo lejos

 

en los estados sólidos del liquen del espejo
al tacto (no inferir se dice del revés de la palabra)
allega a la palabra un día escrita entre los álamos
el nudo casi interno de algún álamo
en la expresión: revierte la mirada todavía
o las pantallas secas de las nubes de hoja en el
ojal que él nombra (la  ocasión inversa)
mañana en el trasluz del agua
a la deriva

 

como juncos bordeando las esquinas de este agua
(no ha habido innovación en la palabra, en los centros
contritos de palabra a lo largo del reflejo en las puntillas
desdobladas desde el fondo)
la piel en las esquinas últimas en el momento en que
la luz oficia de horizonte abriendo los contornos del color
en la pupila entrada en el paisaje
el movimiento en los espacios de las hojas en el reverso
de las hojas/ en el vértice moteado de naranja al amarillo
en la supuración de capas del color entre las aguas
(es el río es la mirada en los espacios desde el río
no la muerte)

 

cuando debajo de la voz se escucha al pájaro cantar
en lo fortuito de mirada al río (no por la imagen
la vuelta de la imagen desde el fondo de lo
anclado al pensamiento) proximidad del gesto
hacia la mano que dibuja del revés –la mano en
condición de rota- el duplicado de la cara en sombras
(anoche la foto a la deriva como connotación
de viento a la otra parte/ cara la otra parte)

 

como impresión del hombre acuclillado
la cara daba justo hacia mi cara/ la foto
dada vuelta hacia mi mano en coros de la voz
como sustancia repetida en la configuración
del coro en estallido cuando se toca del revés
del agua (inútilmente el salto a la caída)

 

el ángulo fugaz del trastabille de los mundos
en el habla (dijera yo tal vez que la palabra
ronda hacia mi mano y es no la configuración
de algún recuerdo la sucesión del tiempo volcado
en un despliegue) las hojas no transcurren en el río
-es pleno el crecimiento  de los yuyos en los bordes
de esta agua-la mano continúa algún reflejo
mientras va, el agua aún se va a la trastienda
de la imagen que tirita como oleaje allá en el viento

 

cuando en principio digo a mi manera
al modo del otoño los vientos a la cara del contraste: no
insinuación del mismo pliegue de belleza:
pasear por las palabras entre pastos el gesto mesurado del discurso:
(el agua apretujada por la sombra de los cuerpos) no
en lo esencial es solo la otra cosa acompañada como siempre
del entorno: asesinarse mutuamente en el revés del parque
o ver pasear los patos frente a frente perdidamente en el
circuito de los cisnes

 

relumbrando en los azules de la noche
en el espacio temporal que da a la noche/ siempre
detrás de las estrellas en el lago(su cara allá en el lago
subida a los desmontes de la barca que se va-un entroncar de piel
hacia mi mano- en la caricia apretujada de su madre
que flota puramente en el vacío/ vagidos no acodados de la noche
-él tiembla- la tempestad retumba en la apertura de mi cuerpo
cuando la llama es doble sobre el lago
y nuestros nombres giran en el puerto

 

desde la división de las palabras
(en plena levedad del orden previo)
en ese estadio anterior del acertijo de colores
que es el mundo como ascenso de las formas
o sumisión al más sutil de los sonidos (yo caía)
embriagada del movimiento de las manos por su cuerpo
(en lo rememorado del asombro)
o en la ola del olor que da la imagen
el contacto de las formas (oleadas de las formas
sin la sal al punto entero de caída)
el nombre –el otro nombre a sucederse-
los estados de la piel más allá del instante
previo a la memoria- el perfil de la memoria-

 

del árbol como ido en la cara que da al viento
en el momento mágico del polen
(no más allá del nombre/ solo el nombre en la armonía
de la noche) en el ruido de la noche decayendo hacia mi
imagen revertida (el ulular del agua en la zona transversal
del movimiento) nunca el habla el sonido es en las voces
subcutáneas/ en lo expuesto desde el río al miramiento

 

la voz un mero sucedáneo de la voz
en la pronunciación de algún silencio
cuando él va (la cara atiborrada de los nombres
en coalición/ no como caída al submundo
de la imagen vuelta a su pliegue entre los dedos
flotante en la armonía interna de la forma)

 

(era el viento en el espacio evanescente de las flores por detrás de los
alambres) él claudica como siempre yendo al ruido de los óvalos oscuros
(la piel sin ilusión perpetua hacia la calma perdida de
la noche donde no ruedan los colores en asunción de la distancia:
el otro) el ruido de otro cuerpo en el derrumbe (por fuera
de los pastos en la complejidad de la belleza o es el todo)

 

en la otra puerta (vidrio en la otra puerta) el mar cayendo
entre los lados de la costa/ algún latido expuesto de mi sangre
como parámetro la costa o yo acostada en el delirio de la ausencia
cayendo los rebordes del árbol hasta la permanencia del paisaje
el mar es como un llano en la frecuencia de olas para el este
y la mirada perdida en el trasfondo en crecimiento
de la imagen hacia el todo en el conjunto salvaje
o el redoble de la ausencia

 

(las casas hacia abajo
no es el fondo solo el agua doblega las paredes)
el borde de las flores hacia el aire mi mano en los despuntes
del cielo últimamente entre las manos como otra transparencia
volteando levemente la caída/ es la conmemoración de la mirada
hacia el entorno –no su nombre (las huellas de su nombre
en el abismo- de la palpitación la cara justo al doble de la cara
entre las líneas- es en la desmesura el corrimiento al otro plano
de distancia/ el cuerpo en la tracción de piel en los rebordes
o es en la comisura de los ojos la caída)

 

la luna atravesando las paredes
donde la inmensidad de mí cae a raudales
en la arena, en la precipitación de arena por el cuerpo
(en la expansión del mí lo mitigado es a lo otro
al punto de frontera donde él talla a precipicio
-en la manera desdibujada de lo ajeno (yo es lo otro)-
esparcimiento de la forma por el cuerpo que cae frondoso
hacia los lados de la arena/ al otro lado en el reflejo

 

las hojas moteadas hacia el cielo en los rebordes
de conciencia, en la asunción del sí cuando rebrota
a la manera de distancia (los cuerpos a distancia
no la humedad bordeada de los pastos aquiescentes /no los cuerpos
a modo de los tallos esculpidos por la sombra/ no o la ausencia
lo resbaloso de la ausencia cuando él vuelve la mirada
hacia las hojas)

 

hasta los muelles que nadan de la costa
a la escena primigenia de la costa
(la caída) el tiempo cayendo transversal
por la extracción de luz que da a los ojos
en la visión de nada a lo preciso de la esencia
lo verbal en cautiverio de palabra que decrece
en la figura de los muelles/ la caída

 

el fruto del revés del día
torciéndole la cara a la memoria
él bordado de matices de palabras en la irrisión
tornasolada de la sombra que despunta mutuamente:
el él en la visión de flores que crecen a lo lejos
en el pespunte antiguo de los pastos que lo mojan
o la humedad del cuerpo mutuamente a la deriva

 

el paisaje de la luna en el circuito de memoria de las manos
hundiéndolas al fondo de la escena/ no la noche el lado oscuro
de la noche en la distancia (aunque los cuerpos mudan
la secuencia de las voces- la voz vuelta al estado no lineal de la
palabra a la derecha) claro lunar de las dos lunas que se miran
infinitas/ el pasto haciendo sombra de sí mismo

 

(el amor vuelto a la curva del deseo en la planicie de los pastos
cuando el verde dilata el campo ido de las flores, es otoño
y las caras resquebrajan su presencia –ser o decir el nombre-
en la estampida de las manos hacia el fondo/ esparcimiento
no aplacado de las causas/ el momento en el repliegue del momento
y él no está (es a la vuelta de la cara del deseo ya no es noche)
la sombra haciendo cuerpo de las hojas (no la línea más verbal
del pensamiento/ no el naufragio/ caracoles en la arena)

 

en la representación de la verdad: el sueño
como un ovillo en crecimiento (en el ascenso de las hojas
el sonido de las hojas en conmoción de sombra tras la noche
-del fuego sobre el lago sobriamente/ el fuego no en el lado
de los bordes, en la peregrinación de algún discurso
del lado de corriente que marcha a la deriva o en un cauce
el brazo de algún cauce a lo infinito del mar en la secuencia
inacabada de las olas siendo parte ahora en el disturbio-)

 

jaspeado de florcitas blancas y amarillas en el tacto el rojo por lo bajo
el horizonte /las formas se sustraen de aquiescencia bebida en
gorgoteo de la tarde en la barcaza de este cuerpo a la deriva/
despunte de las flores por lo rojo del doble crecimiento entre los pastos
el trigo entre los pastos

 

de ser/ la necesidad de ser (empalmada a la caricia
temblándome en las manos –lo aprendido entre las cosas-)
ya no el estado de los bordes/ la precipitación de la caricia.
El verde hacia la luz extrema de la tarde

 

el fucsia perdiéndose en las líneas de este fuego (el cruce con el agua
en los contornos no habidos de memoria desde el centro
en lo penúltimo del alma no la tarde evanescente decayendo
desde mí a alguna instancia de otro cielo/ otro margen de presencia
entre las voces que realzan los colores

 

el miedo dibujado en el encuentro de las voces
(se habla de humedad y el páramo retumba
del doble de la lluvia) –los ojos a colores
mirando lo extraviado de los ojos- (no era yo
era el recuerdo finito de la imagen/ la cara
en lo rotundo de la cara en el principio/ de madre
a la fermentación del niño)
mis ojos no cabían en el fondo/ sólo un niño
silenciado en el juego carnal de aquellos pechos
(leche en el doblez toráxico del pecho)
sólo un niño

 

en el redoble de mano sobre mano  nombrando
a oscuras la desgracia (del doble pasajero de las formas)
en la salpicación perpetua de la carne
en lo tatuado de carne como escena de las líneas
(alborotadas de mano a la deriva) no en la complexión
de línea al infinito en otra línea
torneada de las manos, a la sombra

 

de plantaciones sutiles de algún árbol
(las líneas de la vida –la conmesura de algún ojo
en la desgracia/ es el estambre justo al borde en precipicio/
el punto de caída de otro cielo/ connotaciones varias de algún modo
-yo o la desdoblación del yo: partiéndose la cara en el espejo/
tal vez atardeciera lento/ fuego en las montañas/
cuando el hombre dice hambre y no se ve su antorcha
en la inversión del punto de colores/ en la versión
del árbol como puente/ de la salpicación de estrellas escindidas
-yo o la partición del yo-) en la estación innata de algún nombre

 

el lago rompiendo algunos árboles (las copas lejanas
de los árboles/ no la cara el territorio escindido de la cara
entre las copas llanas de algún árbol/ los vértices del yo
en la sucesión del nombre al otro nombre en la raíz/
en lo contrito de tallo entre los árboles)

 

en el espacio de cielo que deforma
la noche asida de los cuerpos más allá de lo sonámbulo
cuando él se mira en él y es lo perdido en retracción del mundo
el ojo imbricado por los poros: él sumido a la espesura de la
noche entrando en el trayecto de la luz en el espacio a oscuras
de su cuerpo

 

cayendo en tiras las líneas de las manos
(bordadas como hule a los extremos de la piel
que cae hacia otros rumbos de la voz
-las joyas vestidas de las manos y en la ausencia-)
los restos de mi cuerpo en la crepitación de la caricia
a quemarropa/ la mudanza

 

del agua por encima del reflejo
(las ramas invertidas en la arena/
en el camino azul de nuestra savia
desde la cicatriz al ancho entero de los cuerpos
en la connotación de espacio abierto por los cuerpos
-agujero en lo interior de la raíz en el remonte de la lluvia
como otro barrilete en la espesura-)
manos en el confín de tramos de la arena

 

un árbol converge al otro árbol
de entre la sucesión del movimiento por debajo
del círculo concéntrico/ en el extremo de la luz
del otro árbol/ un/ lo súbito en el tiempo
y el ramaje en torno a sí/ a la deriva de la imagen/
de lo gesticulado en el agua (o por el nombre) en ocasión
de ver/se-cúpula a sí mismo/ fermentado/ la ocasión
de imagen/ pronto-pronto/ a la deriva
o por los musgos fermentados

 

sin la contracara de imagen en el agua
haciendo flecos en el pasto la estampida
de la cara/ la imitación del mundo en el reflejo
en el subgrado de conciencia/ en el sí mismo
en negación de la penúltima caída (los ojos en el agua/
como contigüidad de la existencia/ un aflorar la forma
de la imagen/ recogimiento en lo interior)
no es en la forma

 

mi imagen doblegada en el recuerdo
en un paño de luz que es pluralmente derretido
(depredación antigua de los nombres brotando en las paredes
superpuestas del aire líquido en la costa/
de lleno su visión como al reverso delas cosas, desolada

 

los puntos cardinales de la entrega:
yo/ la detracción del yo en lo infinito de estela que se pierde
de entre la formación del agua entre las aguas
fluyendo los encajes del destierro/
yo o la disolución del yo
entre las formaciones de arena allá en el fondo

 

hacia las aguas donde los patos nadan su reflejo
en la propia exorbitancia de la voz cantando
un no cerrado a la distancia/ un no cerrado al infinito
ojos caen desde el valle hacia la lámina
interna de este río (conmigo a la distancia
o con mi sangre)
el ramo palpado del revés/ la nada

 

la claridad diurna en el ala de la noche
embatiendo el circulo de un árbol con la hebilla
de los trazos acabados/ justo en el tramo herido de conciencia
de plena mansitud desde el costado izquierdo
en la cabida añosa del vacío
la cavidad de blanco en el espacio asiduo de la savia
(las hojas no retornan en el llano de la nieve)
acaba de extraviarse el nombre/ en la repetición pelviana del silencio

 

la punta de un nombre allí en el agua
(desasido en certidumbre de ser el plano inverso
a la conciencia) mi mano embarcando
el deseo de mirarlo (mi mano en el extremo
agazapado de mi esencia/ en otro fluir)
el lago dista de mi cara en esta lupa –lo anterior
al pensamiento- entre los poros la conciencia

 

el silencio como larvas en el río (desde las crepitaciones
hasta la puesta última) mi voluntad de mí
estrechada nuevamente en su cansancio –el pecho de él
adormecido de su madre en la compilación de fotos de su esencia/ perdida justo al lado de la noche-
la voz tullida en las paredes de mi aire en la
completación de la vergüenza

 

el campo de la luz y el campo del sonido
en lo ocular la línea se refracta/ en el instante
en que las manos hacen agua (languidecer del agua
triste de los cuerpos/ el barro de los cuerpos) yo o tu sombra
(en lo ocular la línea se refracta) abriendo par en par
lo espeso de los nombres –donde la duda se dilata-
y la atención al hueco de mi cuerpo
súbitamente entonces/ la estadía de los nombres

 

la entrada al laberinto donde él ve y escucha las visiones
(los restos del lenguaje ceñidos a paredes húmedas/ a manos
decantadas de frases estampadas de belleza/ teñidas de colores
en el vientre abierto de su madre (dando a luz al niño)
en la caída umbilical del lago en el vértice del niño
donde él ve su cara estampillada de su esencia
el eco allá en el vientre de la niña donde él ve)

 

veo morir al hombre como nada el cisne
en lo espacial o como nave en lo uniforme de la antorcha
múltiple del agua cayendo allí a los lados y en los bordes
fortuitos de la arena (castillos esculpidos por las uñas
que no muerden/ nadan como cisnes despoblados de la danza/
el cuerpo elemental en los redobles de lo líquido que irrumpe
haciendo llaga en la marea última/ mis manos no/
mis manos como dientes llagan en las formas de la arena
que se acuña allá nombrándolo en la cúspide aleatoria
del sonido)

 

romance del alga con el agua (en el país de las estrellas
mientras los ojos giran a perderse más acá de la textura
diagonal del pensamiento –giran a ser vistos
como voces en el núcleo transversal de las esencias/ alcanfores
rozándole la piel a los colores textuales de este cielo) tempestad
en la mitad de acá del universo entre los cantos cíclicos
del ave que despierta en el comienzo ajeno de la muerte
los pastos triplicados en distancia ahora que el cielo
-el canto de este cielo- es verde

 

gotas en las hojas como arañas abriéndose de lleno en la preposición
del pétalo (ella duerme acurrucada de sus manos en el ancho
azul de sus patitas/ como línea en el espacio doble del silencio/
mi cara resguardada de este río que mira todo el ancho
de las cosas (la mutación de escena aquí en la escena no en el doble)
la mutación de piel de las abejas/ colmada de la miel nocturna/ la caída

 

su huella aquí en el pasto/ su pisada/ y ver caer  al hombre
en la gramilla/ los extremos de la carne/ brazas/ brazos caídos
como otros/ en el colchón de pasto desde el agua/ fuego
aquí en el agua/ el crecimiento de la carne dado el lago/
vino entre las piernas/ el cuchillo/ el rastro del cuchillo/
entornándose las placas de la arena como nombres/
círculos de manos/ no/ de manos/ lo apretado/
en el colchón de carne/ lo difuso/ el pecho abierto
hacia lo móvil/ vuelo entre las aves/ la fogata

 

ella mira/ decantación de los momentos únicos/ no el doble
el doble es a la inversa/ agujero tiritando en su noción de muerte
trastabillar al fondo y no caerse/ en el momento de su viaje/
el acertijo/ el doble mismo de su esencia/ su cara dada vuelta
en el espejo/ deformación del hijo en el espacio oscuro/ decantación
de los momentos únicos/ las huellas en el arco oscuro/ caída
de su vientre móvil/ en el infierno/ la marca es el infierno
en el reverso

 

en el depósito de hojas/ caída de las hojas/ el cielo en lo angular
de las estrellas/ cielo en las estrellas/ capas en retinas de las hojas/
vidrios en las hojas/ saturación del verde en torbellino/
paño en lo naranja de las frutas/ su voz en las esquinas donde
hay flores/ voz torneada de la voz/ sin forma

 

la imagen volcada de la orilla de otra imagen/ el puerto
sin el barco/ no / la espera amoratada de las hojas de la tarde/
hojas tañen lo interior que es al crepúsculo la noche/
la concreción del último silencio/ circuito amilanado del silencio
cuando él baila de brazos de mi sombra en la estatura acorde de
mi espalda/ sucesión/ el arco de los pechos/ agujeros temporales
en el arco/ teñido de las hojas

 

manos tachadas del revés de la locura (en el coágulo cuarteado
del espejo) / atrincheradas de la muerte/ el especulo
de sangre de la muerte/ lo gutural del niño pluralmente en las
pupilas disecadas del deseo/ noche a noche en expansión del nombre/
regurgitando en la memoria/ en conmoción
ser madre en la ignorancia/ cuarteadas de la luz/ inicialmente

 

la luz resplandecida en el momento de la renunciación
(tal vez la vida por caminos secundarios)
sólo en la soledad, en esta puerta de la noche, giro tres pasos antes de la muerte,
resplandezco / la luz sea un recuerdo en lo ya inerte/ lo concebido en mí
a un punto pleno de tibieza y el personaje caiga como visto a puntapié
de los 100 metros de caída donde acabo de vivir y no de espaldas a la muerte
/ es esta noche plena (a veces lo que miro es tu calvario) Ya ni siquiera
dedos que desmonten el vacío

 

en el punto de raíz el quiebre/ el vacío en el espacio absoluto de la sombra/
el vacío cuarteando mi redoble a los tres pasos de la muerte/ es la
muerte lo abrumado y torpe en esta inercia en el espacio azul
del aire (sólo cantaba cuando él, a orillas de mi cuerpo me secunda,
suavemente de mi sombra) (es la raíz del cuerpo en un óvalo
perfecto en el espacio de mi madre, como arco o yo el camino
secundario a las dos vidas) en plegación de madre o los dos cuerpos

 

en el vértice externo de la mama (mordía plenamente
nuestros pechos) talvez la desazón un nombre/ chorreaba
de la leche que caía/ la mano haciendo sombras en el cuarto/
o en la completación del doble de algún niño (seguía levemente
por la espalda) el pie en lo diminuto de la arena

 

si la noche(el trasto de la noche como aflorando el verbo
a la distancia/ el concebir el río doblado entre las cañas, en las manos
facetadas en la intención de diente sobre diente) acompañar
no prever  el sueño en los fantasmas a oscuras de las rocas que
él bailaba descalzo en la noción de tiempo/ la gestación mira
la escena de ser libres (la boca habida del cansancio en plena
puerta a oscuras de la sombra)

 

desde el portal no nado entre las hojas caídas en el agua
y en floración del ciclo de tibieza (la conjetura
de la noche en los océanos) el índice torneado como pie
que se desboca dando gestos hacia el aire (estado nítido
de muerte en lo absoluto) el nombre en su inicial
o dado vuelta en su versión de nervadura
(los planos de mi cuerpo desde el aire) tamborillear
de dedos sobre el rostro al pie del nacimiento
entre los pastos

 

“con que se olvida de sí mismo”/ en ascenso hacia las uvas
que tornean nuestros cuerpos (humos por el frío bordado aquí
en la noche, gesticulando a solas sin los tramos del espejo/
en ascenso por detrás de la corriente/ gesticulando y sola
entre los parques que se tiñen infinitos del camino de
los peces, por debajo) mientras las aves abren en las nubes/
lo deleitaba con mi sexo/ mi ombligo dividido sobre el agua
-bajo el agua- como oyendo a los cangrejos

 

“y tras ella hojas reales pasan flotando”/ en la cúspide
del agua aquellas algas desplegadas a lo lejos en la visión
del viaje (no redunda nuestra historia meras hojas/ hojas
azules7 las barcazas derramadas en las manos
que amalgaman nuestras formas) digo/ en la raíz yo digo/
últimamente la distancia como el hielo (como llamas
que adelgazan sobre el agua) nuevas formas

 

 
 
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Pie Liliana Celiz