Liliana Celiz
 
 
Textos de alumnos
 
7/10/2009
 
POEMAS
 

 

I

 

el hongo de tu pecho no

se come, tu silencio en la pared,

tu mancha de recuerdos, tu voz de

musgo se mantiene verde como

se mantiene verde el tiempo

¿cómo se

mantiene

verde

el tiempo?

 

 

 

 

II

 

 

el humo humea

tiempa

 

 

un ojo interrumpe la magenta de la tarde

risa

tras la danza niebla

 

 

el jugo juega

licua

 

 

en cuándo tu paloma llega?

 

100 buitres prendidos a la carne

masturban cíclopes

desde el futuro

 

 

el sol insola

ripia

 

 

 

III

 

 

Nada arranca el papel a la tinta

nada más que silencio

Nada significa lo que vemos

sin lo que no

Nada nos deja clavados en la espina

sin sentido

 

 

Nada una raya

sino la línea del horizonte

Nada florece del humo de la boca

del riachuelo

Nada alimenta

donde todo se consume

 

 

 

 

IV

 

 

 


 

El salto

 

 

No hay vértigo

ni hay niebla que cubra el abismo

siquiera un velo engañoso

No hay silencio

es inevitable sentir el aire

que se traga / la luz

se pierde invertida

No hay límites

el suero es una palabra

tiempo

 

 

 

 

V

 


en la noche de los cuerpos dislocados

mi mirar es nítido como un girasol

partido en dos, ese grito asimétrico
es lo que nunca por mi antes he vistocuando redunda en el eco, la voz callada
a la eterna novedad del mundo

 


VI

 

La partida de ajedrez

Muevo yo
el silencio absorbe el tiempo
los ojos no
sólo la piel es porosa (como la lengua)
Mueves tu
un párpado pega el salto
(acariciando lo áspero) de la mañana
Muevo yo
a oscuras de tu vientre
tic tac… tic tac…
suben pestañas
Mueves tu
barcos secan la arena
de las lágrimas
Muevo yo
como dos endijas
los pulmones cierran
los ojos no
Mueves tu…

 

VII


Por que las palabras rendían incógnitas, devueltas
Como cenizas al viento, en pos de un demonio
El eco milenario, a través del sonido, repite el ideograma
Con el tiempo, el rasgo cede

La mirada absoluta, era entonces, la cajita entre
mis manos. El festejo de una triste ceremonia
La ciudad a puntadas de pincel, este martes destejido
De atmósfera y desolación, deja una estela en el ojo

 

 

VIII


Un ojo descansa
en la mitad sombra / la luz
vierte
en ecos de lo otro

derrama por los extremos
(dando sorbos de silencio)
La lengua

no es la constancia de las cosas
que absorbe el tiempo
frente al vacío…

El aire deshoja los años
(cediendo primaveras)
a poco de extinguirse

El suero de los pájaros
en horas del océano
distancia



 
Tomás Larrea
 
7/10/2009
 
 

I

Las mismas líneas que se cruzan en un ojo
son las que chorrean por el otro.
La pared (la noche) me pintó la cara de blanco.
Fui besado por peces y por golondrinas,
y me sonrieron uvas, pasas, vino.

¿Qué hice? Fingir.
Voy a preparar tortas,
los moderados abusan de nosotros.



II



La palabra escapó.
Decir en estas condiciones es comprender el tiempo.
No hay retorno.
El que escriba aquí no voy a ser yo.
Me niego a hablar del eco.
Digo y me sigue, ahí lo sigo.
Sin letras para variar.
No hay retorno.
Va a pasar el tiempo hasta que me sorprenda una vibración.
No tiene sentido decir en estas condiciones.
Podría ignorar el reflejo.
Real pero imaginario,
de la mente pero concreto.
Siento, este es el momento.
Digo. Se fue.

 

III

 

 La culpa de un mañana sin amanecer
nació cuando el hombre mató su ternero.
La guerra entre cuerpo y cuerpo
mutila las esperanzas por sobrevivir.
Hermano cielo, hermana luna
el sol azulado viene por nosotros,
la última noche se ahorca mansa como agua en los pies
y nosotros aquí, descalzos
huérfanos de imaginación.
Las espaldas se nos ahogan en la tierra
y nuestro socio nos entierra
en las cruces de la memoria.
Llora niño, pero conmigo levántate.
Esperemos en silencio el tiempo de la revolución.

 

IV


gota lánguida
no cae, no tengo fuerzas.

transfusión de lágrimas.
venas brotadas en azul.
cremación del cerebro.

la gota se hace aerosol.

la muerte ha llegado
y no nos lleva
a ninguna
de las dos

no caigo, no tengo fuerzas
cortarse no funcionó.

 

V

 

Escarchas de cuerpos
goteaban ruidos sólidos.
Ahí, la existencia estática,
respiraba a ojos cerrados.
Antes del segundo se detiene el reloj,
más no el tiempo.
Sendas como dedos de colores fríos
lamen la voz.

 

VI


Nervaduras en la tez
que delatan ojos
entregados al llanto.

El saber quema más
que los libros en el fuego,
y las noches,
incansables de sueño,
te reclaman, realidad.

Esto es soledad,
frío, azul, agua.
Voces que dictan palabras.
Esto es soledad.




 

 
Bárbara Branquer
 
7/17/2009
 
POEMAS
 


I

  

escuché hablar de impuestos

de desasosiego, de

lo máximo que saturaba el alma

nadie hablaba de amor

se dilapidaba la sangre

que hervía en mi vientre

las mentes tenían

una condena de siglos

lo rutinario por morbosidad

se tornaba tortuoso

al infinito.

Aunque yo sabía

sentir y hacer

latir mi corazón, con

inmensidad

mirando el cielo

que no acusa, ni pide

ni cobra por existir…

 


II

 

los acordes de la radio

me alimentan de paz

en la noche que parece infinita

que irradia una luz que somete a

mi verdad

añoranza de un universo

repleto de colores inventados

me reconozco a la altura

de mis deseos y mis sueños

hay una plegaria que

el entorno consuela

hasta lo más ínfimo

sin religión y sin sobervia

llego a un encanto

que me hace encontrar

conmigo y el regocijo

de vivencias,

acarician un follaje de bosque

fresco

con aromas a miel

que endulzan los sentidos

 


III

 

corro persiguiendo

aquella petulante

que lleva un collar

de diamantes

la dueña me auyenta

y me voy frustrada

a mi casona donde

tengo mi sillón

para desplomarme

cuando quiero

allí sueño dormida

y despierta que

soy la única y reino

y ellos que se mueven

de un lado a otro

no los entiendo

pero me hablan y me

miman cuando ellos

quieren.

muchas veces sufro

cuando me dejan sola

pero lo que se es

que siempre

piensan en mi

y yo los amo

aunque no puedo

darles nada

como joyas y ropas

pero mi algarabía

maravillosa es cuando

vuelven y salto y

corro

ignoro lo que dicen,

pero me siento única

y la más feliz entre las

felices

 
Vivian Garzón
 
7/22/2009
 
UNA INMENSIDAD
 

                                 UNA INMENSIDAD

 

 

Inconmensurable

El amor

             Nos

                    Sumergió

                                    En su falda

             Nos

                    Atavió de balsas

                    Para cruzar tempestades

                    Hizo del horizonte

                    Un punto cercano

             Nos

                   Apartó

                   Del naufragio

 

 

 

 

Inventó esperanzas

                               De robustas sutilezas

 

 

            Nos

                   Condujo a la cima

                   Obsequiándonos alas

 

 

Creo

        Presente

        El infinito en las manos

Angelical

                 El alma

                              Su  cuerpo

                                                  Su sombra

 

 

 
Oscar Polzonetti
 
7/22/2009
 
FELICIDAD
 

 

                                                                FELICIDAD

 

 

Mañanas que se van al horizonte

Escoltadas por pájaros distraídos

 

A veces  lánguida

                             Isla perdida

Esquiva- indolente

 

 

Te escapas delgada

Sensible

Extasiada en la tarde

De un sauce que azulea

                                    Su sombra

 

 

Eres fuego lejano

de un bosque estival

Mediodía agreste

escondido en el llano

Eres un hechizo,

secreto

En torno a fugas ondulantes

Eres

Un instante

Un raro peregrinar

Dulce y balsámico

 

                              Hacia

                                       Uno

                                              Mismo 

 

 

 
Oscar Polzonetti
 
7/22/2009
 
Mi corazón trepa estrellas
 

Mi corazón trepa estrellas

En esas estancias de roces con tu alma

Retozando con el rocío del alba

Lujuria de Ángeles mimando el aire

Hojas meciendo las ramas

Encrestados gallos despertando el cielo

 

Sin tu tenue voz de coro

La vida  una pesadilla moraría

 

¿Cuál será el dulce secreto del amor?

 

Para que tu húmeda voz

Viaje sutil entre mis días y horas

Como un viento cálido

Con un rumor en sus alas

De fábula viva

Haciéndome sonreír

A la orilla de cada uno de tus actos

Que no saben de hacerse esperar

 

 

¿Cuál será el almibarado secreto del amor?

 

 

 
Oscar Polzonetti
 
7/22/2009
 
TAÑIDO DE NUBES
 

                              TAÑIDO DE NUBES

 

 

Tañido de nubes

                           Avivando el cielo

Para llover voces

Hablándole al silencio

 

 

Temo a los horizontes

Inalcanzables de los sueños

Acorralándonos en huecos

Profundas hondonadas de misterios

 

 

Acaricio palabras

Transportando arpegios

Acomodados a las siluetas

                        De los hechos

Me abrazo

                        Al rasguido

De notas llegadas

Para soplar fuerzas

                             Que empujen la vida

 

 

No

No

No quiero secretos negros

      Adormeciendo ideas

No

No

No quiero envidias viajeras

No quiero obscuridades

 

 

 

Que la voz sea suave estruendo

Que crezcan campanas

Y

Florezcan  rojas

                    En la quietud móvil

De espacios infinitos

 

 

Desde adentro

 

 
Oscar Polzonetti
 
7/22/2009
 
ENTRARME
 

                                      ENTRARME

 

Mi felicidad tiene nombre

                    Tu

                    Nombre

El silencio de una nova a millones de años luz

en el estruendo de olas chocando rocas                                                                                                                                                                                                                

Hasta la claridad del alba

                      

                     Entrarme

Cavernas acuosas de tus ríos subterráneos

                   

                     Entrarme

Empaparme de gotas que aplasto en el camino

                  

                     Entrarme

 

Hasta el límite

Todo adentro

Estallar espumas

Arrancar tifones

Arremeter cada célula de tu alma

                   

                      Entrarme

 

Hasta acostarme en tu nombre

                                                  Con tu nombre

                                                  Por tu nombre

                                                  Para tu nombre

                   

                       Entrarme

                                                 

                                                   En tu aroma

                                                   Tu  sabor

                                                   Tu  piel

La savia de tu esencia

Agemelarme a vos

                                Toda vos

                                             Todo yo

 

                                                            Hasta uno

 

 
Oscar Polzonetti
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
7/25/2009
 
Mi mujer y los chicos me esperan en el auto
 

Mi mujer y los chicos me esperan en el auto. No bajan. Me acompañan pero también saben que tengo que ir solo. Como el que sueña. Como el que se despierta.
La llave de la reja se traba, como se trababa siempre, y tengo que darle dos vueltas apretando la puerta para afuera. Oxidada, de un verde descolorido, se resiste a dejarme entrar.
Las plantas están secas y caídas. El jazmín sigue floreciendo pero las hojas se están empezando a amarillear. Un olor a penetrante a flores podridas me impregna cuando abro la puerta de la casa. Adentro, todo parece como detenido en el tiempo. El piso está lleno de boletas y de cuentas. Se ha vuelto un mausoleo en donde me asusta entrar. Se nota el desorden de los últimos días y se notan más las cosas dejadas sin terminar. El living de entrada está impecable, como estuvo siempre, pero hay algo que no puedo entender qué es, que lo vuelve más chico, más despintado.
La mancha de humedad del techo ha crecido y amenaza con invadir toda la casa. Trato de encender la lámpara que está en la mesa ratona pero me acuerdo que no anda. Las veces que me pidió que se la arreglara y nunca lo hice. Es un jarrón ordinario, de cerámica blanca, con dibujos chinos y con una tulipa que alguna vez fue verde. Los dibujos están desgastados y apenas se ven los puentes y los árboles, y ahora quedo solo yo para recordar los colores exactos que alguna vez tuvo. Aprieto el interruptor una y otra vez y en algún lugar de mi cabeza vuelvo a creer en la magia y en que se va a prender la bendita lámpara. En que alguna vez va a volver a haber luz.
Voy a la cocina y lo único que puedo ver es la pava y el mate sobre la mesada. La pava es nueva. Me acuerdo lo contenta que estaba cuando la compró. Que hacía ruido cuando el agua estaba caliente. La pava silba y me avisa, me decía cuando hablábamos por teléfono. El mate es una calabaza que le regalé hace un par de meses. Una calabaza barata, me costó unas monedas y fue lo único que le traje de regalo de las últimas vacaciones. Todavía tiene la yerba, seca y blanqueada y yo no sé si tirarla o dejarla así para siempre. Que quede algo. Que quede algo para siempre.
Salgo al jardín del fondo y es una tristeza sobre otra tristeza. El abandono es aún más grande y los yuyos están empezando a tapar todo. Tras tantos años de lucha al final han ganado y se están adueñando de cada rincón del jardín
Vuelvo a entrar. Desde la cocina miro de reojo el dormitorio con la cama destripada y la mesa de luz llena de frasquitos. Entre los frasquitos hay un portarretratos con una foto mía tomando la primera comunión y ahí la casa se me viene encima y ya no se qué hacer.
Me dejo caer en el sofá que me recibe como a un viejo camarada y el tiempo empieza a resbalarse y a mezclarse. Después de un rato, cortísimo, infinito, siento una bocina que reconozco. Me asomo a la puerta y mi mujer sin decirme nada, sin preguntarme nada, me dice, me pregunta, si estoy bien. Abro la puerta, abro las ventanas y les hago un gesto para que entren.
Mientras mi mujer empieza a limpiar y a preparar un mate, los chicos y yo en una ceremonia silenciosa, íntima y serena, nos ponemos a arreglar la lámpara de la abuela.

 
Cesar Díaz
 
7/25/2009
 
Tormenta
 

No es ni una garúa ni una lluviecita. Es de golpe y convulsiva, llena de truenos y relámpagos.
La tormenta me explota en la cara en forma de análisis clínicos, turnos y biopsias. Mi mujer enferma. Mi mujer internada.
Me empapo de obras sociales, consejos y clínicas.
Caen bisturís de punta y no puedo esquivar ninguno.
Con el vendaval los amigos se van despintando, se van diluyendo.
Una cortina de agua, una lluvia desmedida de enfermeras, médicos y familiares.
El pan, los libros y la música, con la humedad se convierten en objetos ajenos y deformes.
Una operación. Un relámpago que paraliza un gesto. Un tajo de lado a lado que como un rayo puede matar o dar vida.
El miedo desborda las alcantarillas y alcanza las calles. Todo se inunda y se impregna de un olor gris y pegajoso.
De a poco la tormenta amaina. Mi mujer se incorpora. Mejora. Después de un granizo de preguntas y humillaciones sólo van quedando charcos absurdos y árboles dañados con cicatrices eternas.
El cielo empieza a despejarse, arrancándole un vapor enfermizo a las baldosas.
Y acá estoy, parado en medio del barro, con un paraguas viejo y ridículo. Tratando de buscar un lugar tranquilo, seguro, seco por Dios seco. Sólo me queda esperar. Mirando el cielo. Vigilando las nubes. Chorreando pavura.
La tormenta termina pero el miedo, húmedo y mugriento, me sigue calando los huesos.

 
Cesar Díaz
 
7/25/2009
 
Sueño que tengo cuatro años
 

Sueño que tengo cuatro años. Que me pierdo. Corro desesperado entre adultos extraños que me ignoran, que me abruman. En algún lugar deberían estar mis padres esperándome, preocupados, congelados. Yo no puedo llegar hasta ellos.
Me despierto, perdido. Ya no están mis padres, ya no hay adultos. Sólo yo, rodeado de chicos perdidos. Y los miro como de lejos, congelado.

 

 
Cesar Díaz
 
7/10/2009
 
ALFABETO Y OTROS POEMAS
 

 

Alfabeto

 

Los hombres del alfabeto hablan de cosas. El texto es otra lengua. Intento una traducción. Arriba hay dos hombres tronco macizo. Sin pies. El primero sin manos. Abajo estan los hombres árbol, cabezas de ramas, abiertas puntas hacia el cielo. Un hombre de torso fino abre sus brazos y me sonrié. Amable. Sigo de izquierda a derecha como indica el ojo. Uno macizo entra en escena, como una matrona. Poco amable. Tercera línea, los hombres cosas: perchero, estante y dos irreconocibles inútiles. Los casa cosa. En el bajofondo comparten jaula los animombres: un sin pie, un peludo y un hombre hormiguero. El úlitmo un enigma. Impronunciable. Inacabado en el final. Firma al pie un hombre llama. Señales d ehumo. Despedida.

 


CARACOLES

  

 

Los caracoles me ensordecen

con sus mareas

y me distraen la boca

para no encontrar la palabra

de la profundidad

yo no sé como huele la arena

ni su color

ni el gusto a viento sur

 

 

Los caracoles me ensordecen

con sus mareas

y me invitan a su oscuro laberinto

el único oscuro túnel

con punto finito

 

 

Me olvido del rostro de la escritura

y con la certeza de una adivinanza

ella desaparece entre la bruma

y se esconde en la ultima celda

donde duerme el Minotauro.

 

 

Se llama prisión

la casa del ángel

escena inmóvil que tiembla

es la ruta o el camino.

 

 

No hay perros aquí, sepanlo

y los caracoles desbordados

festivos de nácar fatal

me ciegan con sus mareas de extraño azul.

 

 

Y la mañana me arranca de la noche

como el brazo a tiempo del ahogo

y veo un hombre

muriéndose en la orilla

vomitando caracoles rojos.

 

 

I

El frío y el calor disputan territorios. Los cuerpos, las piedras, las hojas, las pieles sufrirán estados que se odian entre sí. No saber exactamente cuando termina la estación nos hace deriva.Andar entre las sombras atinando me convierte en maestra de lo ciego. Un arte milenario para dominar al tiempo.

Aprender abisma. Hay deriva por donde me asome, mareos de barco, nauseas de hartazgo. Transformarme es sufrir. Todo sucede en la carne.

Me golpeó el cráneo hasta partirme las costillas. Gritaba pero no me oía. Hacia calor y hacia frío.

Las temporadas se avecinan desordenadas. Todavía ningún álamo corrige la nevada.

Bajo la cama cuento las gotas.


II

En los cuadernos
las cosas se rompen
la canilla del agua
pierde deliberadamente
las etiquetas
llevan nombres mudos
se diluye la sangre
en ríos esta corriendo
se vacía la espera

harta la piel de las vísceras
de los ojos se fuga la luz
y queda la borra
en el fin de la taza

me deshago bajo las uñas
pasan trenes sin intermitencias
son trenes ajenos
caigo los párpados
y basta
como en el circo


 

 
Fedra Spinelli
 
7/25/2009
 
TENER SED Y NO SABERLO
 

Nostalgia antigua, remota, de origen básico, amniótico, con neblinosas huellas lánguidas y melancólicas. No hay colores ni sonidos que no parodien, que no recuerden sugieran entremuestren ese mundo perdido, aumentado disminuido olvidado y recordado, hundido y enjoyado como un rey antiguo, seca dinastía de recuerdos pérfidos, desenterrados huesos sin esencia, sin paciencia, sin consecuencia, casi al alcance de los dedos de cuando las palabras eran palabras y no este concierto de vahídos tuberculosos miríadas de seudópodos confundidos, aletargados, acongojados, descompuestos, fragmentados, aturdidos en su charco descastado, casi al alcance de la mano
Yo estuve allí. Pero ahora se escapa, se diluye, se esfuma.
Con el rabillo del ojo lo reconozco más que de frente. Nítidamente fugaz y borroso.
Es una llamarada que cambia y que siempre es la misma pero es otra pero al final es nada.
Lo tengo en la punta de la lengua y no puedo nombrarlo.
Pasa en puntas de pie en medio de la nieve, sin dejar huella ni rastro.
Yo estuve allí y ahora es eso que pasa por debajo del agua y que no llego a ver qué es. Queda solo la onda, el chapoteo. Qué es eso que pasa? Y por qué pasa? Nada. Nada pasa.
Me despierto en un lugar que se diluye apenas termino de abrir los ojos. Atorado, desmañado, revuelto.
Yo estuve allí. Y era un lugar sólido, palpable, lamible. Y ahora es una máscara que es un animal que es una sombra que no es nada.
Como el que tiene sed y no lo sabe, busco sin buscar.
Sentirle los pies tan cerca y no poder empujarlo palparlo lamerlo y aullando penetrarlo, haber perdido las invocaciones mágicas litúrgicas, los rituales pletóricos de imágenes lúbricas, de algo que yo en un momento he nombrado, manoseado en nombre de mi propia sombra y que he perdido, como un huérfano, yo he estado allí, como un ángel caído, yo he estado allí, como un extranjero que no recuerda pero añora, yo he estado allí, dónde ha terminado, se ha enredado, dónde estará el frente de esta lucha que no empieza, nostalgia antigua remota de neblinosas huellas yo recuerdo pero he perdido la voz, yo he estado allí.

Estiro los dedos y apenas lo rozo. Es algo ardiente. . Es algo áspero, algo suave. No es nada.
Las letras se entremezclan y se confunden.. Extraño entre extraños, he olvidado las lenguas con las que comerciaba sabores y olores.
Ha quedado la huella de la huella, la impronta del vacío. Y las palabras han sido escritas en el mar, en el aire. Y solo queda el gesto del que ha escrito. Letra sorda y muda que me reclama a los gritos. En silencio.
Yo he estado allí y ahora sólo quedan los movimientos desnudos de cuerpos. Desnudos de formas y de sentido.
Yo he estado allí y mi boca. Y mi boca morirá virgen de su nombre.

 
Cesar Díaz
 
8/11/2010
 
 

Allí estaba tan tibio
que las almas se
sentían protegidas y
abrigadas
y yo me regocijaba
dentro mío porque una
de ellas era la mía
ya que siempre busqué
por años y siglos
algo sublime
y que mi existencia
no sea en vano
que el frío se vuelva
cálido
y estrechar
la mano suave de alguien
o un abrazo inmenso
que me haga volar y
llegar a una galaxia
lejana y allá permanecer
hasta
encontrarme conmigo misma
sin miedos sin dudas
por el resto de mis días

 
Vivian Garzón
 
9/2/2010
 
MASTICACIÓN DE UNA OSCURIDAD
 

MASTICACION DE UNA OSCURIDAD

 


Sabes que?

__La oscuridad aparenta ser otro
Costado de la claridad,
__Viene caminando la vereda enfrente a la que da el
Sol,
__Se esconde en los gritos de la pared
Maltrecha o
De la pared nueva cuarteada.

(La oscuridad)

¿Sí que me auspicia dolores?

La oscuridad se mete por algún agujero del
Cuerpo
Se mete por algún agujero del cuerpo o
Por todos los agujeros de la piel y te cambia de
Color. /
Pero
No
Se
Queda
En
El
Cuerpo.

(La oscuridad)

¿Sí que sabe que hacer?

Se filtra como estalactita en las
Grietas del alma.
Se petrifica acechante en la
Invisibilidad de la
Luz,

 
Oscar Polzonetti
 
9/18/2010
 
Los brazos y las cuchillas
 

Se enfriaba su mirada junto al té que reposaba tristemente a un costado, mientras peinaba con los dedos uno de los mechones enrulados de su muñeca.
Le costaba llegar al otro extremo de la cabellera dado que hacía mucho que no la peinaba; pero eso no importaba tanto como el enojo que correteaba por su cara, impulsada en un deseo por desaparecer. Algunas lágrimas lograban disimular aquél temible estrujón que se retorcía en el estómago.
¿Qué era aquello que dolía fervientemente en su interior, logrando opacar la eterna luminosidad fuera de su habitación?, ¿Dónde se encontraba la madre –se preguntaba- cuando la necesitaba?
El vestido color violeta comenzaba a teñirse de un rojo intenso desprendido de su brazo derecho, una herida que hasta antes no había logrado prestarle atención. Quizás se raspó jugando o corriendo por el bosque trasero de la antigua casa. Quizás. Lo único en que podía concentrarse era en el tintineo de las gotas que iban y venían por el brazo; lo recuerda como placentero. Cree que podría alimentarse de ello si de fantasías se tratase.
Pero su final vendría, era casi inevitable, la sangre tenía que parar a menos que… La mirada comenzó a tornarse oscura casi sedienta de aquél nuevo amor platónico que descendía por los antebrazos; se mojó los labios con la lengua y luego casi sin notarlo, se encaminó hacia la cocina y tomó uno de esos enormes cuchillos que la madre utilizaba para descuartizar el pollo en mil pedazos.
No se planteó lo que estaba haciendo ni por un momento; aquélla maraña de impulsos dentro de ella debían ser tomados en cuenta porque el placer le ganaba a cualquier sentido del bien o el mal.
Una vez en su cuarto cerró la puerta con la traba para así no ocasionar ningún desperfecto al plan y se escondió en el armario. A penas el aire corría por allí adentro filtrándose entre las rejillas, y le costaba respirar; lo que la mantenía despierta era aquél impulso adrenalínico que corría por las venas a la par de la sangre que ahora tanto deseaba.
Irene siempre había tenido obsesiones desde bien pequeña pero nunca tan macabras como le resultaba esta. Aún así se sentía especial y eso le agradaba.
Tomó el cuchillo, primero se arremangó la manga del vestido dañado y apoyó suavemente el filo por todo el brazo desde la muñeca hasta la altura del codo.
Cerró los ojos porque pensó que le iba a doler pero a cambio sintió placer, un extraño placer que no le generaba ninguna otra cosa como las muñecas o las tortas de la abuela.
De repente tocaron la puerta, seguido de su nombre. Irene se desesperó, dejó escondido el cuchillo y fue a abrir. La madre la miró perpleja preguntándole qué le había ocurrido y ella tan solo respondió:
- Estaba jugando

 
Lucía Franchi
 
9/23/2010
 
LA NIÑA JUNTO A SU ADULTEZ Y EL DOLOR
 

Me hablo despacio porque me duele el presente que llevo cargando, un presente que figura ser pasado pero que durará más de la cuenta entre estos desvariados actos que no reflejan ser más que atontados pasos.
Entiendo muy poco las razones que me han llevado hoy en día a caer rendida frente a esta mente que me taladra la voz y el corazón, lo sé pero no puedo liberarme. Me llevaron a ser presa de un silencio hiriente y agudo –casi crónico- donde mi persona es lo que resta, lo menos importante.
Creo entregarme a la sencillez de mis palabras que no emanan más que desconcierto aunque en lo profundo de mi ser siento miedo, un miedo casi inocente pero que me paraliza frente a cada situación de la vida.
Estudio mi dolor, trato de simplificarlo pero no encuentro en él más que grandeza y una eterna admiración por aquélla condenada capacidad que tiene de recrearse y multiplicarse dentro de mí en distintas formas, clavando lentamente cada raíz filosa en mi alma, en lo más profundo de ella.
De verdad trato de aceptarlo pero ¿Quién no hay sentido uno de esos dolores que te quitan el habla? Sí, solo quieren volverte infeliz, quitarte aquellos sentidos que te dan vida.
Respiro acomodándome en esta silla y me recuerdo adormecida junto a la cama de mis padres preguntándome a dónde se han ido, e intento que estas lágrimas no manchen mi dulce traje de niña porque para cuando ellos vuelvan tendré que sonreír de nuevo, enmarcándome en fingidas y un tanto irónicas palabras.
Cuando huyo de mí misma y recurro a estos vívidos pero dolorosos pensamientos trato de ser aquélla misma niña que podía con su dolor y lograba moldearlo a gusto. Viviendo una mentira disfrazada en vida.
Pero es que ahora me pregunto, ¿A dónde te has ido tú, vida mía?

 
Lucía Franchi
 
10/19/2010
 
ME VISTO FRENTE AL ESPEJO
 

Las doce en punto, me visto frente al espejo desnudando mis frágiles huesos, desvistiendo mi mirada que pasa de un extremo a otro. Siento un vacío que detiene mi voz, la simplifica, la vuelve extraña ante estos labios que se esfuerzan por revivirla.
Afuera el mundo duerme, grita en los sueños; me invita a caer junto a las estrellas. Y yo me entrego.
Quizás las calles no me reconozcan, aún no sepan mi nombre. Quizás los postes y los árboles me cubran junto a sus sombras. Ahí empieza el sin fin de carcajadas dentro mío, risas que aúllan, incluso me asustan.
Me revelan frente al mundo tan cual soy: una niña temerosa de vivir y de morir. Porque la vida también asusta, te ensordece con sus múltiples cuadros de momentos. Cuadros que simulan ser realismo.
Pero la realidad se encuentra mucho más abajo; no penden de las nubes y caen junto a los llantos. Pueden perderse en tu cabeza, confundirte.
La luna no tiene síntesis, no me entiende cuando al mirarme frente al espejo veo a una extraña dentro de mi propio cuerpo. Una extraña que sonríe ante el espectador. Que cree haberlo visto todo pero que en verdad no sabe nada.
Miente, mi rostro miente, y yo me embarco en una noche calurosa a las 12 en punto, justificando por qué es que le temo tanto a la vida.

 
Lucía Franchi
 
 
 
 
 
 
 
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