Liliana Celiz
 
 
 
Dibujo por:Tenky López
 
El nacimiento de la flor

La poesía de Liliana Celiz aparece a la mirada lectora como una labor incensante de comprensión de sí misma y del mundo que la rodea. Escribir es su forma de confrontación de la existencia, en un movimiento perpetuo y fugitivo por fijar una imagen que se diluye en la superficie abismal de los espejos. Celiz primero escribe, luego existe, ese es su lugar en el mundo y en esa indagación ha empeañdo su vida. Escribe para aprehender la memoria con la configuración lirica, para dejar su traza indeleble como resto de una voz que insiste en decirse otra cada vez.

 

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en la presteza de lo ya desdibujado
o como ojo en grado mínimo
cuando es frecuente ver la vara, oir el viento
en la impresión del poro no al principio
en una escala del terrón donde hubo huella

 
Dibujo por:Tenky López
 
A LOS QUE FUERON PAJAROS

El otro libro para el lector

Roberto Ferro

Hay, en todo libro, una zona de oscuridad, una espesura de sombra que no se puede evaluar y que el lector descubre poco a poco. El lector siente que allí se encuentra el libro real en torno del cual se organizan las páginas que lee.

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el hambre bordeaba la sequía
…visiones secundarias de las cosas
( la calle daba a un pliegue de existencia )
cuerpo blandido en arma como campo en la vigilia
forestación de alguna zona del discurso.

 

 

 
Dibujo por:Tenky López
 
O elevación de vos o pensamiento

 La mirada de una escucha que escribe

A propósito de O elevación de voz o pensamiento de Liliana Celiz

 
El habitar poético de la escritura de Liliana Céliz inscribe en la página el sonido de los rostros y las manos, de la memoria y los olvidos, de las pasiones y la serenidad. Su palabra da leer la posibilidad de sacar al exterior el encuentro metafórico entre el ojo y el oído, entre la voz y la imagen visual, un modo de ver extrañando lo que resulta familiar, que alcanza el límite de lo impropio del cuerpo y de la palabra.
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se izarán como llama los dos pechos
cuerpo en la forma que redobla el cuerpo
iniciación de leche en la caída
para quien tumba el agua azucarada
agüita de arroz de que no bebe
(el hombre ya ha partido hacia otra parte)
pátina gris escorzo mirar y ver el ángulo
de lejos al fondo ver los dientes del que ríe
o hace gala de la espátula hace gala
pero él no tiembla hace a ser estatua
de comisuras rosa o amarillas
(los pies como cartón o yeso) y yo le digo
¿sí que me miraste? Pero él no mira hace del que mira
y en los descansos leche que es de soja
o de almidón o de agua
 

 

 
Dibujo por:Jorge Requena
 
Del traje de eva y su manzana

Una niña (¿mi pupila?) juegaen los bordes del mar con un poema

por Roberto Ferro

Un poema no es un poema si no permanece oculto a la primera mirada, al primer intento de imposición de las reglas de juego que procesarán sus imágenes. Un poema, digo algo más que una diagramación tipográfica, digo y creo algo más que la reunión más o menos ordenada de un grupo de palabras en el blanco...

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Arenas. Todas las lluvias gruesas son del aire
y no hay vestidos,
las hojas son los arcos de los pechos
y todo el tiempo fue de transparencias,
sólo los peces brillan tras el agua

 
Dibujo por:Jorge Requena
 
¿De dónde vienes de mirar tus ojos padre? (fragmentos)

El pasado, la luz, la mirada

por Roberto Ferro

Del Primer poema de ¿De dónde vienes de mirar tus ojos padre? la primera línea: Era la antorcha luz más cálida en noviembre. La escritura, la luz, la desaparición, el es fin de retorno, el número innombrable, son citas que no describen la línea de una relación simple entre dos textos...

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Las vajillas veloces de la pelvis
mi padre no tenía ¿Qué es eso,
eso, eso, qué es eso que se tiene y no se dice?
se maldice y qué mi padre ha dado a luz
a sus cuchillos en rompimiento fugaz
del calzoncillo sordo del mayor
(el rifle mata)
y qué mis adulterios de mi padre,
 

 
 
Crónicas del Dock
1989-1999

Con esta antología quisimos hacer partícipes a los lectores de lo publicado por Ediciones del Dock durante sus primeros años de vida. Estas "Crónicas" presentan parte del variado registro poético que compone nuestro fondo editorial.

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No llames,
la que habitaba se ha salido,
ya no vuelve
es que esperaba ver entonces tu cuchillo,
caerse,
ver circular la luz de los potrillos,
no estar triste
pero es que hacía comezón la sangre
y se rodeaba de serpientes-lagartija
de allí aprendió a arrastrarse,
no creía
que hubieran los cipreses vuelto al lago
alerces,
las gaviotas emplumadas.

 

 
 
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Pie Liliana Celiz